Algo se rompió. Lo que sigue habla de querer acabarlo todo.

Si hoy duele demasiado, hay alguien despierto:

México, Línea de la Vida 800 911 2000 (24 h).
Argentina, Centro de Asistencia al Suicida 135 o (011) 5275-1135 (8 a 24 h).

Puedes seguir leyendo o irte. Aquí nadie juzga.

Reflexiones

Seguir con miedo

Escribo porque así respirar cuesta un poco menos, el pecho ya no duele tanto y la mochila que cargo parece más liviana.

A diario amanezco con nuevas marcas y me cuesta distinguir si están en mi cuerpo o en mi mente. Camino sin un rumbo fijo, tomando cada bocanada de aire como si fuera la última.

Veo las sonrisas de quienes me rodean y añoro con tristeza el tiempo donde yo también sonreía.

Estoy cansado, mis piernas me duelen y sigo avanzando hacia ese destino que no conozco y tengo miedo de conocer.

Me sumerjo en la miseria mientras la soledad me persigue y disfruto de la compañía de los nadie.

Sigo caminando y, mientras lo hago, voy dejando atrás memorias de tiempos felices. Busco desesperadamente esa felicidad que un día conocí, pero en el camino me encuentro con fantasmas que quería olvidar.

La fuerza escasea mientras el sol se apaga y el frío invade mi cuerpo.

Y en la noche resurgen miedos, y fantasmas, y memorias, y nuevas marcas se crean, nuevas voces aparecen y se instalan en mi mente.

En una mano, mi cigarro, y en la otra, las píldoras. Lucho por saber cuál será el próximo movimiento.

Un sinfín de lágrimas brotan y recorren los surcos que, con el tiempo, en mis mejillas se han creado.

Extraño el calor de los cuerpos que durante tantas noches me acompañaron. Hoy, los nadie me recuerdan lo fácil que es perderlo todo. Gritan en mis oídos y sus palabras atraviesan mis huesos, se instalan en mis adentros.

De a poco van llenándome y transformándome en un monstruo sin mirada, sin destino, sin pasado, sin camino. Un ente vacío que se arrastra mientras su estómago ruge y su consciencia se apaga.

Y mientras se va apagando, me aterra saber que puede ser la última noche, pero me paralizo al pensar que otro día amanecerá.

Tengo miedo de seguir caminando y perderme sin saber cuál era ese destino que estaba buscando.

Volver