Algo se rompió. Lo que sigue habla de querer acabarlo todo.

Si hoy duele demasiado, hay alguien despierto:

México, Línea de la Vida 800 911 2000 (24 h).
Argentina, Centro de Asistencia al Suicida 135 o (011) 5275-1135 (8 a 24 h).

Puedes seguir leyendo o irte. Aquí nadie juzga.

Reflexiones

Ni yo entiendo qué pasa por mi mente.

Hay un montón de nudos, pensamientos acelerados, incertidumbres, y otras tantas cosas que no logro reconocer.

Y todo sucede tan rápido, y al mismo tiempo. Es casi imposible pararlo.

Tan solo pensarlo un poco me abruma, y de inmediato el nudo en la garganta, seguido de las lágrimas que se acumulan.

No puedo permitirme parar, no puedo permitirme sentir. No ahora. Aunque en el fondo esté deseando con todas las fuerzas que simplemente me abracen y poder sentir todo lo que traigo dentro, ahora no puedo.

Alguna vez dije “todos conocen el dolor y nadie hace nada para apagarlo”. Y sigue doliendo.

Es un dolor que ya se instaló en mis adentros, que forma parte de lo que a diario me acompaña.

Y quisiera no tenerlo. Y quiero poder llorarlo. Y quisiera poder dejarlo ir. Pero no puedo.

No ahora.

Me aprieta el pecho y respirar se hace difícil. Ver la pantalla mientras escribo se convierte en un desafío, las lágrimas nublan mi vista.

Hay manos que hacen de sostén, y me mantienen en pie, pero no puedo permitirles ver el monstruo con el que cargo. Y el deseo de acabarlo.

No puedo.

No ahora.

Sigo confiando, ya casi con añoranza de que todo acabará un día. Es una confianza vacía, soy consciente de que yo mismo me traje a este lugar. Yo mismo me he forzado a seguir aquí. Me da miedo todo, porque no sé salir, no sé seguir, no sé caminar.

Y siento que de a ratos todo se aleja, y solo queda esa oscuridad que me acompaña, esa mochila viajera, que por tantos años y lugares me ha acompañado, que me conoce más que yo mismo. Y quiero dejarla

Pero no puedo.

No ahora.

Y en las noches, cuando estoy solo, cuando la oscuridad y mi música me acompaña, entonces ahí sí puedo mirarme por un rato. Y quitarme la máscara, y llorar un poco.

Hay tanto que quiero decir, y es tanto el miedo que tengo a hablar. No sé ni siquiera cómo empezar a deshilar todo esto.

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