Reflexiones

Hoy escribo

Me gustaría hoy poder contarles sobre mis demonios.

Esos que existen en un hueco que parece estar detrás de mi cabeza, se anidaron ahí y nunca más se fueron. A diario pican, arden, lastiman. A veces son mucho más intensos, otras simplemente sé que están ahí pero no molestan.

A veces logro apagarlos, otras veces gritan, lloran, otras veces me nublan la vista, o extienden sus brazos e intentan tapar mis ojos.

Cada mañana sus voces son fuertes, y me dicen las incontables veces que cometí errores, lo inservible que soy, lo poco que valgo.

Y tengo que poner todas mis fuerzas en la primera cosa de la mañana, en poder callarlos, en poder decirme a mí mismo que ese día va a valer la pena, que hoy no voy a cometer tantos errores, que hoy voy a sacar algo bueno, que hoy no voy a necesitar ni de drogas ni de alcohol para apagarlos, que hoy voy a estar bien.

Y quisiera decirles que funciona todos los días. Me encantaría poder ser capaz de manejarlos todos los días, pero desgraciadamente no funciona así.

Hay días donde cada uno trabaja por separado, y toca lugares diferentes.

Donde algunos hablan de mi peso, de mis fracasos, de mi trabajo, y de lo mal que me está yendo.

Otros días se enfocan en la misma cosa, y al unísono, tocan ese mismo error, que duele y que lastima.

Le tiran todo, le tiran con odio, le tiran con fuego, le tiran con piedras, le tiran con amor.

Con amor a lastimarme, con amor a hacerme más chico, con amor a desaparecerme, con amor a callarme.

Y se alimentan de mis lágrimas, y se alimentan con mi fracaso. Y festejan cada uno de mis fracasos como si fuese un logro propio. Lo festejan, lo disfrutan, lo bailan, hasta sueñan con verme fracasar.

Y tienen todas las evidencias para decir que hoy fracasé de nuevo. Y me lo van a recordar toda la vida.

También están esos demonios que me recuerdan un pasado que no quiero, que quiero olvidar. Un pasado que deseo que nunca haya existido. Un pasado donde fui víctima, un pasado donde fui victimario, un pasado que arrebató inocencias, felicidades, logros. Pero hoy no ha sido así.

Hoy logré apagar esas voces. Hoy logré sentarme frente a mi escritorio y empezar a escribir otro nuevo sueño.

Empezar a completar y dar pasos. A completar aquello que desde hace tanto tiempo fue simplemente una idea.

Y hoy lo veo cada vez más cerca, con más forma, con más cuerpo, con más energía.

Hoy ya tiene carátula, hoy ya tiene sus páginas, hoy ya tiene una introducción y un título. Hoy ya tiene formato. Hoy se parece a un libro y escribo cada página y cada sentimiento, cada pensar, lo plasmo en este papel y lo comparto con el mundo.

Porque por más que esos demonios se esfuerzan en destruir cada pequeño logro que he tenido en mi vida, no puedo permitirles que festejen cada uno de mis fracasos, y voy a utilizar cada uno de ellos como una escalera para seguir adelante.

Los voy a usar como un escalón más para seguir creciendo, para seguir alcanzando esos sueños que durante tanto tiempo parecían simplemente una fantasía a la cual nunca llegaría.

Hoy está cada día más cerca, hoy está cada día más formado, hoy me abraza, me quiere. Sé que ese sueño pronto podré cumplirlo.

Hoy escribo.

Hoy escribo en mi nombre y en tu nombre, escribo en mi memoria y por mi memoria.

Por las personas que alguna vez estuvieron pero ya no están, por las personas que vendrán, por aquellos que han festejado cada uno de mis logros. Y por los que mañana me voy a encontrar y juntos vamos a salir a festejar los logros de otros.

Hoy mi libro tiene nombre, hoy mi libro tiene mis lágrimas, mis llantos, mi sangre.

Hoy tengo la fuerza de seguir escribiendo.

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