Algo se rompió. Lo que sigue habla de querer acabarlo todo.

Si hoy duele demasiado, hay alguien despierto:

México, Línea de la Vida 800 911 2000 (24 h).
Argentina, Centro de Asistencia al Suicida 135 o (011) 5275-1135 (8 a 24 h).

Puedes seguir leyendo o irte. Aquí nadie juzga.

Cartas

Hasta luego o hasta siempre.

Hay un sinfín de cosas que me gustaría decirte, pero las palabras no acompañan. Hay un infinito de sentimientos que me agobian y me arrastran, y me lastiman.

Siento la necesidad inherente de regresar al pasado, rechazar el viaje y evitar todo. Escaparnos nunca fue una buena idea, y evitarlo hubiera sido la mejor decisión.

Por desgracia, no existe manera de borrar el pasado, ni de retroceder el tiempo, no hay absolutamente nada que pueda hacer para cambiar lo que hice.

Te lastimé, y de la forma más horrible posible. Te violente, te traicioné, te mire a los ojos y te dije las cosas más crueles que podría haberle dicho a alguien nunca. Y te prometo que me duele haberlo dicho, aunque no logro recordar qué fue lo que dije.

Pero sí recuerdo tu mirada, rota, dolida. Y no logro sacarme esa mirada de mi cabeza, y no puedo perdonarme haber hecho algo así.

Jamás en la vida pensé que sería capaz de lastimar a alguien tanto, y menos aún a una persona a la cual estimo y quiero tanto. No logro comprender lo que en mi cabeza pasó. No tengo memorias ni recuerdos de lo sucedido. Solo sé qué te lastimé, y sé que fue mucho.

No quiero justificar mi accionar, ni exigir tu perdón, solo quiero que sepas que nada fue tu culpa, que no me traicionaste, que nada de lo que hiciste me llevó a eso.

Por el contrario, fui yo mismo quien, a pesar de ver las señales, me llevó hasta ese límite.

Soy un tonto por ignorar lo que sentía, un idiota por forzar seguir adelante sin ayuda, y un pendejo por no saber pedir ayuda cuando más la necesito.

Tú eres la cosa más bonita que he conocido en muchísimo tiempo, eres la persona con quien siento paz, con quien quiero compartir alegrías, momentos y aventuras. Quiero que seas quien me ayude a perder el miedo a las aventuras, y con quien pueda compartir mis pesares. También quiero ser ese oído que te escucha, y compartir tu carga cuando no puedas solo.

Este viaje ha sido, al mismo tiempo, lo mejor y lo peor que me ha pasado en años. Acostarnos y hablar mirándonos a los ojos, desde la más absoluta confianza, sin miedo a que me juzgues, sin miedo a que me ignores, o que me rechaces por contar mis dolencias.

No puedo describirte con palabras la alegría y el cariño que sentí al verte tan feliz, corriendo y peleando con las olas, y lo orgulloso que estuve al ver que, a pesar de que tenías un montón de miedo, diste un paso adelante y te adentras en esas olas, que como bien dijiste, eran de surfistas.

Tampoco tengo palabras para expresar lo feliz que fui con tus picardías, tus sonrisas traviesas, y esos besitos a escondidas.

Fui cruel, sin corazón, y te lastimé, y lo único que puedo hacer no es otra cosa que pedirte perdón, y vivir con la esperanza de que me puedas perdonar.

Me encuentro en un abismo tan profundo, y tan oscuro, que no veo manera de salir de él, y hay un montón de razones que probablemente no quieras saber, pero que me gustaría contarte.

Me traicionaron vilmente, me llevaron a mis límites, me obligaron a hacer cosas que no quería, y aun así, perdí todo.

Vengo de un mundo roto, y me encuentro solo. No hay familia que me espere en mi casa, ni un hermano para pelear por cosas tontas, tampoco tengo a mi tía la confidente, ni al primo de las pedas. Perdí todo eso cuando decidieron que su homofobia y su visión sesgada del mundo era más importante que yo.

Cuando llegue a México realmente vi una pequeña esperanza de que ahora sí, aquí, podría ser feliz. Pero nuevamente volví a encontrarme la traición a la vuelta de la esquina. Deposité mi confianza en gente que, a la primera oportunidad, convirtieron cada palabra que dije en cuchillos afilados que clavaron en mi espalda.

Y aun sabiendo que era mejor haberse alejado, aún así, lloré por perderlas, porque nuevamente me sentí solo y abandonado.

Y luego, creí haberme enamorado. Y nuevamente, la traición. De la manera más vil, la traición. Di mi absoluto todo y batallé tanto por esa relación, por ganarme su amor y cariño, por compartir mis metas con esa persona, esperando que me acompañe, y que, en algún momento, sus gotitas de amor sean suficientes para poder estar juntos. Pero no fue así, simplemente me usó por mi dinero, y por las pedas, y por las drogas.

Es muy fácil aprovecharse de una persona rota, puesto que continuamente estamos buscando a alguien que nos componga y nos sane. Y ahí están esos seres crueles y viles que no hacen más que exprimir nuestras heridas para así saciarse de cada gota de sangre qué derramamos. Y sé muy bien que lo sabes, tienes un monstruo a tu lado, aunque genuinamente espero que hayas logrado verlo.

Los abusos y los excesos se volvieron parte de mi rutina, es y era la única manera que encontré para poder apagar todo ese dolor que continuamente quiere aplastarme. Y creo que tú sabes de primera mano lo que es luchar continuamente con esos demonios que solo quieren vernos rotos, caídos; que quieren que toda la mierda que llevamos dentro explote.

Hay días en los que me gustaría que todo explote, que esa mierda escape por cada agujero de mi cuerpo, que me reviente, hacerme agujeros nuevos para que salga aún más rápido. Quizás así pueda encontrar algo de paz. Lo he intentado tantas veces, pero siempre hay una voz que lo evita, y que, por alguna razón, quiere que siga existiendo en este plano.

Vivir así no es fácil, es cansado, es agotador, y me siento solo. Por más que esté rodeado de personas que sé que me quieren, que me han acompañado hasta el infierno, y que me han traído de vuelta, que me toman de la mano para no dejarme caer, aún así, me siento solo. Me siento en el borde de un abismo infinito, esperando simplemente el momento adecuado para saltar.

No quiero contarte mi historia para que sientas pena, pues de esa tengo mucha hacía mi mismo. Tampoco quiero que me perdones simplemente por lástima, ni escabullirme en tu vida cuando estoy casi seguro que ya no me quieres cerca. Pero quiero que me conozcas, que sepas de dónde vengo, y, a través de mis palabras, intentar procesar todo lo que sucedió. En un acto egoísta, porque sé que tú no necesitas leerlas, pero yo necesito expresarlas.

Hoy me siento frente a mi monitor, y escribo, y dejo que mis dedos se muevan solos, sin pensar en qué o por qué estoy diciendo esto que digo, simplemente sé que necesito sacar todo esto de mis adentros.

Desde lo sucedido, aunque ha pasado poco tiempo, solo puedo verme a mí mismo sufriendo de nuevo, y recordar el filo de las cuchillas que alguna vez usé, y el ardor de su filo, y la sangre tibia recorriendo la piel. Y quiero volver a tener ese valor, pero no lo tengo. Tengo miedo. Tengo miedo a ese filo frío, no lo quiero cerca, pero parte de mi, es lo único que quiere.

Y simplemente recuerdo tu sonrisa, tus locuras, y no puedo creer que intenté romperlas. No merezco tu perdón, pero lo quiero, en un acto egoísta, lo quiero.

Quiero volver a verte a los ojos, y pedirte perdón desde el alma.

Coyote, conozco muy poco de tu historia, pero estoy seguro que es una historia que está llena de altibajos, de momentos difíciles, de situaciones de mierda que no buscaste ni pediste, que muchas veces pensaste rendirte y dejar que todo explote, y te admiro porque aquí sigues, siendo fiel a ti mismo. No puedo perdonarme la violencia que te mostré, no puedo ser parte de esos altibajos, no puedo dejarme ser parte de lo que te lastima. Y ojalá volver el tiempo atrás, pero no puedo, solo me queda aceptar que algo más que no era yo fue lo que te violentó, lo que te dijo esas cosas tan crueles. Fueron esos demonios que duermen conmigo, que me acompañan en mis días felices, y que esperan a que muestre un segundo de vulnerabilidad para atacar y lastimar todo lo que está cerca de mi.

Tú no tienes la culpa de absolutamente nada, ni tampoco espero que te sientas culpable. Y probablemente ahora mismo me estés odiando, pero por favor, no gastes tus energías en mí, no merezco tus enojos.

Luego de irte, esa misma noche, me acerqué al mar y le pedí que me mostrase el camino correcto, que intentase demostrarme qué debería hacer luego, y solo podía ver un vacío absoluto, sin nadie que me acompañe, y una soledad absoluta me invadió.

Intenté preguntarle de dónde salió tanta violencia, tanto enojo, tanto dolor, y simplemente me recordó mi pasado, todo lo que alguna vez ignoré, y que simplemente ‘dejé fluir’. Y no, no fluyó, simplemente quedó estancado ahí, donde nadie lo veía, y no sé por qué el universo decidió que tú eras la persona que debía verlo, o quizás no el universo, sino yo mismo, alguna parte de mi ser decidió que tú eras esa persona. Pero no, tú no tienes por qué andar cargado o recibiendo la oscuridad de otras personas, y mucho menos, de personas que te prometieron quererte bonito, y que luego te traicionan de esta manera.

Si aquí hubo un traidor, ese traidor fui yo. Me traicione a mí mismo, a ti, y a eso que no sabíamos que pasaría en el futuro.

No tengo otra cosa que decirte más que perdón, y esperar que, en algún momento, me permitas decírtelo a la cara. Y te prometo que no tomaré ningún camino cobarde, no me rendiré ante la vida, ni dejaré que esto me gane, batallaré para encontrar esa paz que tanto estoy buscando, estés o no en el camino que elija.

Te mereces el universo entero, y me encantaría poder acompañarte hasta el infinito.

Hasta la próxima, Coyote, o hasta siempre.

P.D: Prometí recomendarte animes, aquí mis recomendaciones.

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