Reflexiones

Espejismos internos

A veces nos encontramos en situaciones que no logramos entender. Creemos en la casualidad, en el universo y en el destino. Creemos que hay un sinfín de variables que nos llevaron a ese momento y ese lugar. Estamos ahí no por nuestra decisión, sino porque algo más nos llevó a ese momento.

A veces es una simple casualidad. Muchas otras veces, el universo nos pone pruebas, notas, personas y momentos increíbles delante para enseñarnos que dentro del sinfín de posibilidades tenemos que elegir la que mejor nos quede.

Encontrarse y conectar, crear puentes y lazos, ser vulnerables sin darnos cuenta, es muy difícil expresar en palabras esta abundancia de sentimientos que nuestro interior genera, se acumulan y rebosan.

Muchas veces nos agobian porque no logramos entender cómo alguien o algo puede llegar a afectarnos tanto.

Y sin buscarlo, sin intenciones, sin la necesidad, nos vemos parados frente a nuevas personas que nos invitan a recorrer su universo propio, que nos extienden la mano para acompañarnos, que sin miedos y prejuicios nos miran a los ojos, ven nuestro abismo y sin dudarlo saltan para no dejarnos solas.

Y a menudo tenemos la capacidad de percibir el abismo en las miradas ajenas.

Me pregunto por qué somos tantas las personas que, sin quererlo, se ven obligadas a enfrentarse a un abismo por sí solas, y el miedo las abruma, las consume y sin darse cuenta se hunden en una soledad tan grande, tan compleja, tan infinita, que lo único que tienen para ofrecerse a sí mismos es pena, tristeza y desgracia.

Y estas personas en su propia soledad crean mundos tan complejos, tan difíciles de entender, que se sienten abrumados cuando alguien más intenta entrar en su abismo y acompañarlas. Nos ven a nosotros, los que sin miedo saltamos al abismo, como una especie de locos, como una especie de manipuladores o que queremos simplemente tomar ventaja. Nos tienen miedo, les asustamos, pero no importa.

¿Y sabes por qué no importa? Porque también estuve ahí, también pensé que era la única persona que podía enfrentarse a mi propio abismo, también tuve miedo cuando otros me extendieron su mano, cuando otros me prestaron su luz, me dieron su amor y compasión y me acompañaron durante la eternidad mientras yo luchaba con mis propios demonios.

Hoy yo comparto mi luz, me lleno de amor y si algún día me toca perder, no me arrepiento. Soy feliz sabiendo que por 5 minutos pude mostrarle que no importa qué tan profundo sea el abismo, no importa qué tan pequeños nos sintamos, qué tan vacíos, inseguros o imperfectos creamos ser, aún así podemos darle batalla a nuestros demonios.

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