El caldero y vivir la magia
Un mundo sin magia, sin convicción, sin energías, sin fé, no es más que la silueta de algo que intentó ser. Vivimos en una sociedad de desconectados que nos ha configurado para que veamos solo lo que es relevante para ella.
Nos ha enseñado a ignorar la magia de lo que nos rodea, la magia del fuego, del aire, del agua, de la tierra que nos sustenta. Nos ha enseñado a ignorar la magia de un abrazo, el candor de un beso, la tranquilidad de los brazos del otro, la serenidad de una mirada cómplice. Nos ha robado el asombro y la maravilla.
Recuperar la magia es recuperar nuestra esencia, nuestra conexión con el universo. Cada ritual, cada hechizo, cada intención, nos recuerda que somos co-creadores de nuestra realidad.
El caldero sigue ahí, esperando que avivemos el fuego, que echemos los ingredientes, que invoquemos la magia. La magia de vivir, la magia de amar, la magia de ser.