El libro

El arte de resurgir

Me gustaría hoy poder contarles sobre mis demonios. Esos que se anidaron en un hueco detrás de mi cabeza y nunca más se fueron. A diario pican, arden, lastiman. A veces son mucho más intensos; otras simplemente sé que están ahí pero no molestan.

A veces logro apagarlos; otras veces gritan y lloran, nublándome la vista o extendiendo sus brazos para tapar mis ojos.

Cada mañana sus voces son fuertes, recordándome mis errores, lo inservible que soy, lo poco que valgo. Debo poner todas mis fuerzas en la primera tarea de la mañana: callarlos y decirme a mí mismo que ese día valdrá la pena, que no cometeré tantos errores, que sacaré algo bueno, que no necesitaré ni drogas ni alcohol para apagarlos, que estaré bien.

Desearía poder decir que funciona todos los días, que soy capaz de manejarlos, pero no siempre es así.

Hay días donde cada uno trabaja por separado, tocando lugares diferentes: algunos hablan de mi peso, de mis fracasos, de mi trabajo, y de lo mal que me está yendo. Otros días se enfocan en la misma cosa, y al unísono, tocan ese mismo error, que duele y lastima.

Le tiran todo, con odio, con fuego, con piedras, con amor. Con amor a lastimarme, a hacerme más pequeño, a desaparecerme, a callarme.

Se alimentan de mis lágrimas, de mi fracaso.

Festejan cada uno de mis fracasos como si fuese un logro propio. Lo festejan, lo disfrutan, lo bailan, sueñan con verme fracasar.

Tienen todas las evidencias para decir que hoy fracasé de nuevo, y me lo recordarán toda la vida.

También están esos demonios que me recuerdan un pasado que no quiero, que quiero olvidar. Un pasado que deseo que nunca haya existido, donde fui víctima, victimario, donde se arrebataron inocencias, felicidades, logros.

Pero hoy no ha sido así.

Hoy logré apagar esas voces.

Hoy logré sentarme frente a mi escritorio y empezar a escribir otro nuevo capítulo, a completar aquello que durante tanto tiempo fue solo una idea.

Y hoy lo veo cada vez más cerca, tomando forma, cobrando vida.

Hoy ya tiene carátula, páginas, una introducción y un título. Hoy ya tiene formato. Hoy se parece a un libro y escribo cada página, cada sentimiento, cada pensamiento, lo plasmo en este papel y lo comparto con el mundo.

Porque por más que esos demonios se esfuercen en destruir cada pequeño logro que he tenido en mi vida, no puedo permitirles festejar cada uno de mis fracasos. Voy a utilizar cada uno de ellos como una escalera para seguir adelante, como un escalón más para seguir creciendo, para alcanzar esos sueños que durante tanto tiempo parecían solo una fantasía.

Hoy está cada día más cerca, más formado, hoy me abraza, me quiere. Sé que ese sueño pronto podré cumplirlo.

Hoy escribo.

Hoy escribo en mi nombre y en tu nombre, en mi memoria y por mi memoria.

Por las personas que alguna vez estuvieron pero ya no están, por las que vendrán, por aquellos que han festejado cada uno de mis logros. Y por los que mañana encontraré y juntos saldremos a festejar los logros de otros.

Hoy mi libro tiene nombre, lágrimas, llantos, sangre.

Hoy tengo la fuerza de seguir escribiendo.

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