Algo se rompió. Lo que sigue habla de querer acabarlo todo.
Si hoy duele demasiado, hay alguien despierto:
México, Línea de la Vida 800 911 2000 (24 h).
Argentina, Centro de Asistencia al Suicida 135 o (011) 5275-1135 (8 a 24 h).
Puedes seguir leyendo o irte. Aquí nadie juzga.
Carta de un suicida en penitencia
No me morí.
No fue una elección.
No fue valentía.
Simplemente me desperté, y seguí estando.
Una parte de mí todavía grita cada día que debería haber terminado todo aquella vez, pero otra, más silenciosa, más cansada, me dice que esta es la penitencia que me tocó: seguir.
Al verme al espejo veo una versión rota de alguien que ya no sé si conozco.
Vivir se volvió pagar una deuda que nunca fue mía, caminar con el peso de lo que hice, de lo que no logré, de lo que dejé intentando escapar.
No hay gloria en sobrevivir.
Solo silencio.
De vez en cuando un temblor en las manos cuando el cuerpo recuerda que estuvo a punto de abandonarlo todo.
Hay días buenos, claro. Días en los que la culpa duerme un poco y me deja olvidar.
Pero siempre vuelve. Porque en algún rincón de mí quedó grabado que haber intentado irme es una mancha que no se borra, que por más que sonría, trabaje, sueñe o ame, esa sombra sigue detrás, susurrándome que no soy como los demás.
Que fallé incluso en desaparecer.
Carta a quienes siguieron
Todo siguió.
No fue castigo ni tampoco recompensa.
Simplemente siguió.
Y yo con eso.
No sé muy bien cómo se hace para seguir viviendo cuando ya no hay nada por qué hacerlo.
Igual como.
Igual respondo todos esos mensajes que no dicen nada.
Igual sigo, como si hubiera algo que todavía tuviera que probrarme.
Sigo viendo las grietas, ahora sin drama, sino con la costumbre de quien ya entendió que no va a poder taparlas. De quien entendió que quizás no hace falta.
A veces me descubro caminando como si no cargara nada, y me da miedo.
Miedo a olvidarme del lugar donde estuve, miedo a no saber si volví, o si estas versión mía es solo un envase de algo que nunca terminó de irse.
Por dentro hago equilibrio, no para no caer, no para avanzar. Solo para quedarme.
Seguir no fue una decisión,
Fue lo único que quedaba.