Algo se rompió. Lo que sigue habla de querer acabarlo todo.

Si hoy duele demasiado, hay alguien despierto:

México, Línea de la Vida 800 911 2000 (24 h).
Argentina, Centro de Asistencia al Suicida 135 o (011) 5275-1135 (8 a 24 h).

Puedes seguir leyendo o irte. Aquí nadie juzga.

23 de Octubre

La cuchilla se sentía frágil en mi mano, helaba mi piel. Seguía temblando, pero ya no podía saber si era miedo, ansiedad o las drogas que me habían envuelto durante tanto rato las que lo estaban provocando.

Sentí un pequeño ardor y levanté la mirada. Apreté con más fuerza. Borbotones de líquido comenzaron a derramarse por todo el piso. Ya no había tapete para que la madera no se manche, ni gente que vista de blanco alejándose.

El silencio, casi incómodo, que acompañaba mi casa hacía que el lento descenso al vacío fuese aún más insoportable. Durante un momento recordé a Emiliano y a su cara. Recordé el palpitar de su corazón, tranquilo y acompasado, cada vez que dormía conmigo. Su aroma invadió mis recuerdos y comencé a llorar.

Me levanté como pude, ya algo mareado, dejando aún más rastros de sangre. Me acomodé en mi sillón, acerqué la pequeña mesa que estaba delante mío; agarré mi vaso, mi visión ya era borrosa y tomé un trago.

Me recosté, cerré los ojos y comencé a recordar grandes hitos de mi vida: los viajes, las personas que conocí en el camino, el banquito que creí que era la cima del mundo, las traiciones, las heridas que supuran, la pus que se expandía, el rastro de sangre que iba dejando, los intentos de curarlas, los vendajes y ungüentos, las caricias de aquellos que con pena se acercaban. Me acordé del perro viejo y de la vieja ignorada por todos.

En ese momento, el aroma de Emiliano se apareció de nuevo, un recordatorio de todo lo que había perdido. Su presencia se sentía tan real que me pregunté si aún podría haber encontrado una forma de salvarme.

Hoy le marqué a Nahue, sin siquiera saber para qué o qué le diría. Su teléfono estaba apagado, creo que no quiere hablar conmigo. Mañana intentaré de nuevo, y el día siguiente también, le pediré perdón hasta quedarme sin voz, sin saliva, sin aliento, sin vida.

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