Palabras que laten
Cuando intenté escribir por primera vez a los 15 años, acababa de descubrir mi sexualidad y se abrió ante mí un mundo desconocido de emociones.
Papel y lápiz en mano, rodeada de miedo y emoción que cortaban mi piel como un cuchillo, traté de darle sentido a la agitación que asolaba mi interior. En esas líneas garabateadas y en esos cuadernos manchados de lágrimas encontré un refugio inesperado.
Lloré en silencio y recé a los dioses por un cambio.
Con el tiempo, las palabras se convirtieron en mi espada y escudo, acompañándome en la batalla contra los demonios que me atormentaban. A través de los años, a través de heridas y caídas, esas palabras han seguido siendo mi fiel compañera.
Con cada recaída vomitaba cataratas sin sentido que poco a poco se fueron convirtiendo en algo que, lentamente, fue sanándome y fortaleciéndome.
Hoy me atrevo a compartir estos versos con el mundo para mostrar la profundidad de cada herida, y el ablandamiento de cada cicatriz.
Al escribir cerrar viejas heridas y abrir nuevos capítulos.
Esta colección de poemas es un viaje a través de mi alma, un homenaje a las personas que han dado forma a mi vida y cuyos recuerdos dan forma a cada página.
Es mi manera de quitarme la máscara del miedo y gritar al viento aquello sobre lo que he callado.
Hoy me libero y me encuentro con estas palabras que laten.