Relatos

Donde habitan los demonios

Parte 1 - Donde habitan los demonios.

Fue ahí, durante las noches de enero, en esas fiestas sin sentido, donde todo se vuelve un aglomerado de memorias, donde el principio se queda sin final, fue ahí donde por vez primera cruzaron miradas.

Pequeño, roto, brillante, e intentando ser feliz con todos sus demonios, se le acercó despacio, sin dejarle saber que, aunque no lo parecía, conocía en carne propia el dolor que sus ojos intentaban ocultar.

Le miró detenidamente, vio sus marcas, sus misterios, sus dolores. Su nombre fue uno que, a pesar de todo lo que vivieron, no logró recordar. Fue una mezcla de silbidos, silencios y aullidos. De a poco, el alcohol y los vicios fueron ganando terreno, las palabras fueron fluyendo, y esa paredes que parecían imposible de escalar, de a poco, fue disminuyendo su altura. Se sorprendió al darse cuenta que sus barreras también fueron cayendo despacio.

Lo que al principio fueron palabras sueltas, se convirtieron en una catarata de risas, emociones y sin sentidos. Todo fue encajando, lento, pero gracioso, y a ratos, parecía que sus demonios ya se conocían desde antes.

La noche fue pasando, y los dolores fueron siendo cada vez más pequeños. Las risas que antes estuvieron embotelladas y alejadas se volvieron un punto brillante en la oscuridad de aquel antro donde pocos se atrevían a visitar, pero quienes lo visitaban sabían que ahí solo habitan los demonios.

La gente fue acercándose, escuchando esas risas que con su eco invitaban a otros a compartir la mesa. Lo que en un momento fue una mesa vacía en un rincón oscuro, ahora era un mesón redondo con un millar de demonios acompañándoles. Quienes les miraban no podían sentir más que envidia y celos.

El que provocaba las risas y el que se dejaba llevar, se vieron sumergidos en una locura momentánea, donde la realidad comenzó a difuminarse con la locura de la noche, los vicios que la acompañan y los demonios que habitan aquel oscuro antro, aquel tétrico espacio que pocos se atreven a visitar.

De pronto, la luz del sol fue agarrando fuerza, pero la noche no había terminado. Dos pequeños monstruos habían encontrado felicidad en el otro. Y con murmullos decidieron que la aventura no había acabado; susurrando, decidieron seguir adelante aunque la luz del sol les invitaba a desaparecer y olvidarse para siempre el uno del otro.

Con todo el miedo a cuestas, con todos esos demonios atentos a qué harían luego, decidieron encaminarse hacia el lugar que desconocían, pero donde tan amablemente habían sido invitados.

Las risas no paraban, el eco seguía creciendo y creciendo. Sus demonios, los que habitaban en sus adentros, comenzaron a contarse sus secretos sin mediar palabra. Bastaba tan solo una mirada entre aquella oscuridad para que se pudieran entender como si realmente fueran parte de la misma historia.

¿Será esa la razón por la cual, a pesar de haberse lastimado tanto mutuamente, siguen buscándose en la oscuridad de aquel espacio que pocos se animan a visitar? ¿Tal vez el recuerdo del eco de las risas que compartieron los invita a mirarse de reojo y pensarse en las noches?

No sabría decir por qué, a pesar de estar rotos y saber cuánto mal se hacen mutuamente, aún se atreven a visitar aquel espacio donde habitan los demonios, con la esperanza de volver a encontrar en la mirada del otro aquellas risas que durante una noche lograron iluminar la oscuridad que llevan dentro.

Parte 2 - Entre sonidos de silencios y miradas perdidas

La oscuridad de aquellas noches de enero seguía presente en sus vidas, envolviendo sus encuentros en un manto de incertidumbre y deseos reprimidos. El constante vibrar que en su bolsillo se percibía les recordó la fragilidad de sus conexiones, la sombra de un pasado que se resistía a desaparecer. A pesar de que el destino les estaba advirtiendo, uno de ellos decidió correr el riesgo y seguir adelante con la aventura, sabiendo que detrás de esa puerta solo enconrtaría dolor.

Aunque la atracción era palpable, sus demonios del pasado tenían un fuerte agarre sobre ellos, negándoles el siguiente paso que inconscientemente añoraban.

Con cada movimiento, con cada respiración, sus miradas intentaban, aunque nerviosas y contenidas, esquivarse continuamente. Cada vez que sus ojos por casualidad se encontraban, por un instante, parecía encenderse una chispa de esperanza entre toda esa oscuridad que cargaban. Una pequeña llama que luchaba por brillar en medio de la tormenta que aquellos pequeños monstruos acarriaban.

Sin embargo, la presencia constante de su pasado y las interferencias incesantes le volvían a recordar en cada segundo lo frágil que era esa conexión, lo fácil que sería perderse en el abismo de la soledad una vez más.

Las miradas, cargadas de silencios y promesas no pronunciadas, se cruzaban en cada oportunidad que tenían, pero siempre con la cautela de quien sabe que un paso en falso podría desatar el caos. Las noches de encuentros fortuitos y charlas vacías se volvieron una constante. A veces las palabras brotaban con naturalidad, otras tantas, los silencios pesaban más que cualquier oscuridad.

El tiempo fue pasando, y sus encuentros y aventuras se convirtieron en un juego de equilibrios precarios. Desesperados, intentaban encontrar momentos de felicidad en medio de una marea de dudas y temores. Las rías seguían pronunciando esos ecos que invitaban a otros a ser parte, pero a su vez, sus demonios se alimentaban de la incertidumbre que las envolvía.

Sus aventuras nocturnas continuaron, y aunque a veces lograban bajar esas paredes gigantes, y romper las barreras de los silencios incómodos, otras tantas se encontraban atrapados en sus propios sentimientos, incapaces de comprender lo que en realidad sentían por dentro. Las palabras, deseosas de escapar por esas bocas, se quedaban anudadas en sus gargantas., y los intentos de acercarse se veían frustreados por la presencia de aquellos demonios del pasado que les recordaban continuamente los riesgos de abrirse en tal oscuridad.

En medio de esa tormenta donde aquellos pequeños demonios se encontraban perdidos había breves y fugaces momentos donde las risas eran genuinas y las miradas, aunque tímidas, reflejaban un anhelo profundo de conexión. Esta era la esperanza a la cual se aferraban, esas promesas siolenciosas que, a pesar de todo, los unían profundamente. Sin embargo, por ahora, esos momentos eran efímeros, y la oscuridad de las noches de enero seguía envolviendo sus vidas, dejándolos en un constante estado de espera y deseo insatisfecho.

Los días seguían pasando y la tención no dejaba de crecer. Con cada encuentro el laberinto emocional que fueron creando se expandía, y ahí, el miedo y la esperanza se entrelazaban en una danza confusa, pero de donde era imposible escapar. Ambos sabían que algo fundamental estaba en juego, algo que ninguno de los dos podía nombrar pero que era imposible de ignorar, incluso para aquellos demonios que los rodeaban.

Y así, en una nueva noche, volvieron a encontrarse en aquél antro, donde solo habitan los demonios. Sin mediar palabra, pero con la certeza de que algo debía resolverse, se miraron fijamente. Por un segundo, el tiempo se detuvo y el futuro parecía incierto, y con todo el miedo a cuestas, se animaron a continuar la aventura.

Parte 3 - La sombra del pasado y la luz de la amistad

El destino, caprichoso e impredecible, decidió que aquella noche fuera diferente. Uno de ellos se encontraba rodeado de caras conocidas, corazones cercanos y de luces que alumbraban esa oscuridad que adentro llevaba.

De pronto, surgió una idea espontánea, pero atractiva: llevarles a conocer el antro donde solo habitan los demonios, ese lugar que tantos recuerdos ya guardaba. La brisa nocturna acariciaba las calles mientras se dirigían hacia ese rincón oscuro pero tan familiar. En el camino, el destino quiso jugarles una mala pasada; decidió que los pequeños monstruos se encontrarían de frente y deberían tomar ciertas decisiones.

Decisiones que, sin siquiera percatarse de ello, serían relevantes para lo que resta de su historia.

De pronto y de frente, se encontraron, uno acompañado por una parvada de pequeñas luces que a diario iluminaban su oscuridad, y el otro, acompañado por un ser que solo buscaba su malestar.

Aquel ser malintencionado intentó disuadir al pequeño monstruo de no acompañar a la parvada de luces con susurros venenosos. Pero él, con firmeza inesperada, decidió unirse a la llama caminante, dejando al otro sin opción más que seguirle.

Los dos pequeños monstruos comenzaron a guiar el camino, mientras la parvada de luces y el veneno les seguían raudos, sin despegar las miradas de ellos, observándoles en cada paso.

Adentrándose a aquel antro, las llamas veían como el pequeño monstruo al cual protegían, lenta pero sin duda, iba desarmándose de todas las apariencias y barreras que cargaba fuera de aquellas paredes. También pudieron divisar, aunque con más recelo, el mangetnismo que entre los monstruos se podía sentir.

Sin mediar palabra, seguían convirtiéndose en ese eco magnético para aquellos otros que les rodeaban. Sus miradas fugaces y sus risas sin sentido no hacían más sino seguir incrementando la sorpresa de aquellas llamas que solo podían limitarse a observar.

El veneno intentó con todas sus fuerzas romper ese magnetismo, intentó ocupar el espacio que entre ellos habían, intentó apagar a las llamas y convertirlas en agujas que lastimasen al monstruo. Sus esfuerzos, futíles, fueron en vano. No logro romper la energía con la que aquellos seres se atraían.

Llenándose de valor, uno de ellos arrastró al otro a un lugar apartado, lejos de las llamas y el veneno. Buscaba poder tener el valor necesario para hacerle casos a sus deseos, y poder así, soltar con locura aquellas palabras que antes habían sido más que sueños.

Y de pronto, sin quererlo, las palabras brotaron. Y por vez primera se pronunciaron los deseos que tanto venían arrastrando. Y en un segundo se convirtieron uno, por un instante infinito, fueron uno. Mirándose a los ojos, y dejándose llevar por el deseo reprimido, las palabras brotaban, ya sin temor ni vergüenza.

El infinito fue cortado por el recuerdo del pasado, por el veneno que acompañaba aquella noche. La realidad les esperaba al bajar las escaleras. Tomados de la mano, bajaron con la esperanza de que ese infinito ahora estaría presente en cada uno de sus encuentros.

Las miradas fugaces ya no fueron tan fugaces, los roces equívocos ya no fueron erróneos, los susurros se convirtieron en algo que anhelaban. Al fin, juntos, habían podido avivar la llama que los guiaba por la tormenta en la cual habitaban.

Parte 4 - Un destello de luz en la oscuridad que habitaba

Parte 5 - El abismo de la soledad

Parte 6 - La chispa de esperanza en medio de la tormenta

Parte 7 - El silencio denso de la noche

Parte 8 - Un rayo de esperanza que fue desvaneciéndose

Parte 9 - Encuentros fortuitos en el desierto

Parte 10 - En la penumbra del futuro incierto

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