Algo se rompió. Lo que sigue habla de querer acabarlo todo.
Si hoy duele demasiado, hay alguien despierto:
México, Línea de la Vida 800 911 2000 (24 h).
Argentina, Centro de Asistencia al Suicida 135 o (011) 5275-1135 (8 a 24 h).
Puedes seguir leyendo o irte. Aquí nadie juzga.
Sin título
Me siento delante de un papel vacío con la mente en blanco, esperando que al final las palabras empiecen a surgir.
Trato de recordar las razones por las que escribo, o las ideas que me incitan a seguir haciéndolo.
Busco, casi con desesperación, las palabras que hoy se rehúsan a salir, ese movimiento automático de dedos que siempre me ha acompañado. Siento como de a poco el vacío se va haciendo más grande, puesto que sin mis palabras soy solo un ser despreciable.
Y me sumerjo en esa idea de que no vale la pena, de que seguir es una batalla que no quiero continuar, de que todo debería terminar. Pero tengo miedo de hacerlo, miedo de ser yo quien aprieta ese gatillo, miedo de arrepentirme en ese instante en el que el cerebro se apague. Y ya no poder hacer nada.