Reflexiones

Los hilos invisibles del destino

Hay veces en las que la vida nos presenta situaciones sorprendentes e inconmensurables, incluso casi imposibles. Un momento, un segundo, una decisión, una persona, o ese ser que se ve tan cercano, pero al mismo tiempo tan lejano. Se siente como uno mismo, pero sin dejar de ser él.

Te detienes, te sientas, miras y escuchas. Evalúas sus reacciones, sus movimientos, sus intereses y sus alegrías. Y mientras más te acercas, mientras más detalles puedes observar, más te das cuenta de que es tan parecido a ti, como también una versión diferente de quien alguna vez fuiste.

Lo ves de cerca, lo analizas, te impactas, preguntas y te alejas. Te invade una sensación de intriga, curiosidad y ganas de seguir escarbando, encontrando esas diferencias, pero también te asustas y te duele saber que para dar el siguiente paso, para perder los miedos y para entenderse a sí mismo, se tendrá que enfrentar un sinfín de desafíos, cada uno más difícil que el anterior.

Sientes pena y te molesta saber que no puedes hacer nada para cambiar su realidad, ni evitar el daño, ni apaciguar el dolor en otros, ni salvar a todos. Y mientras más escarbas, más se parece a ti, y te preguntas por qué el universo decidió juntarlos.

Intentas darle una lógica, intentas mirar los laterales, los costados y encontrar alguna abertura que te permita comprender quién está debajo de esa piel. Que te permita comprender por qué se vio obligado a ignorar su verdadera identidad, qué miedos le acompañan por las noches, qué miedos oculta debajo de la cama y lo más importante, qué irracionalidad hace que sientas su propio dolor y sus enojos como tuyos.

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