Es que vos no entendés.
No, no, no. Es que vos no me entendés. No es que yo sea un exagerado, no es que me haya enamorado en poco tiempo, no es que me obsesioné porque seas lindo. No, no es eso. La última vez que sentí nervios por ver a una persona… realmente no me acuerdo.
Pero cuando vos me mandás un mensaje, cuando estoy esperando para verte, que estoy parado y fingiendo que nada pasa, por dentro hay una batalla tan grande por no dejártelo saber. Porque tengo miedo. Claro que tengo miedo.
La última vez que bajé mis barreras me hicieron tanto mal. Y estoy harto de vivir de gotitas de amor. Estoy harto de sentir que no merezco nada. Y cargo con una culpa tan grande porque siento que arruiné algo que deseaba volver a sentir. Que esperaba volver a sentir. Y es muy difícil poder ver ese futuro brillante. Es muy difícil creer que en algún momento podamos volver a hablarnos, porque en mi mente solo está la culpa.
Y no quiero cargarte a vos con todas estas emociones que no te corresponden, porque no, no son tuyas, son mías. Pero no sabes cuánto daría por poder compartírtelas, cuánto daría porque puedas sentirlas, por poder demostrártelas.
Es increíble la capacidad que tuviste, y que tenés, para cambiarme el ánimo con una mirada, una sonrisa.
Sí, siento emociones muy fuertes muy rápido. Sí, me enamoro súper rápido. No te lo voy a negar, como bien dijiste una vez, “Tienes las emociones a flor de piel”. Pero es también mi karma, y mi condena.
Pasan los días y cada vez te siento más lejos. Y no quiero que te vayas. Quiero volver a repetir todo lo bonito un millón de veces, porque cuando te tengo cerca, así sea no conmigo, pero cerca, la comida de pronto huele más rica. Nunca le falta sal a nada. El picante, no pica, sabe a rosas.
Y los lácteos no me caen mal.
Cuando te tengo cerca, siento que puedo hacer cosas que pensé que había olvidado, cómo querer. Pensé que había olvidado cómo querer a la gente. También recordé cómo se siente ser querido, pensé que lo había olvidado, hasta que apareciste.
Y quizás no fue mucho, quizás yo exageré. Quizás las emociones a flor de piel terminan siendo más una complicación que una ayuda. Pero aún así, te quiero cerca.
Y no, no, no, no es tu culpa. Y no quiero cargarte a vos con las emociones que son mías. Sólo quiero poder volver a verte. Y recordar esa sonrisa. Y tus caras, tus fantásticas caras. Tus muecas, tus gestos. El cómo corres. El cómo te enfrentas a tus miedos, con todo el pánico del mundo, pero vas y le haces frente. Y no te das una idea del orgullo que me hace sentir que sabiendo aunque no te acompañe lo vas a seguir haciendo. Y no vas a dejar que tus miedos te ganen.
Es difícil cuando todo empezó tan rápido y se desmoronó al mismo tiempo. Y todo es mi culpa. Cargar con esa culpa es algo que no le deseo a nadie. Cargar en mi memoria tu cara en el momento que fui tan cruel, y sentir que tu luz se apagó un poquito. Fue horrible.
Ojalá pudiera decirte todas esas cosas a la cara, ojalá me dieses la oportunidad de demostrarte qué tan importante eres para mí. Para mi universo, para mi vida.
Poder presentarte a todos mis amigos y decirte, por ejemplo, a quién le gusta la banda y a quién no. Quién sí jala a todos los planes y quien es la mente coherente y racional del grupo. Contarte, por ejemplo, quienes son los que más mala suerte tienen que todo lo malo les pasa. O contarte, por ejemplo, quienes están ¿bendecidos? O tienen un ángel aparte, porque siempre les sale bien todo.
Me encantaría también, en algún momento, presentarte a mi familia. Mis demonios. Pero contigo quiero compartirlos, así como me gustaría conocer a todos tus demonios. Y acompañarte en el momento que quieras hacerles frente.
Y me pregunto por qué la vida es tan injusta, o por qué estoy tan mal configurado, que yo solo corro y me escondo cuando vuelvo a sentir mariposas en el estómago. Pero esta vez no corrí, esta vez te lastimé. Pero qué puedo hacer más que lamentarme y pedirte perdón.
Estoy intentando hacer todo lo posible por estar bien, y por entender que quizás ya no seas parte de mi vida.
Estoy comiendo, estoy durmiendo, estoy bailando, estoy cantando. Estoy hablando, también estoy llorando y estoy sufriendo. Estoy sufriendo por algo que nunca fue. Estoy sufriendo por algo que quizás nunca hubiese sido.
Mucha gente me pregunta quién soy, porque todo el mundo siempre dice lo mismo: eres noble, eres bueno, irradias luz. Pero, ¿cómo puedo irradiar luz después de haber lastimado a la persona que me gusta y que quiero, a la persona con quien quiero compartir tanto de mi vida?
Y yo siempre les digo: Soy una memoria, soy un ser efímero. Estoy un rato en tu vida, empaco mis cosas y me voy. Porque así es la vida, un cúmulo de memorias.
Pero contigo no quiero ser una memoria, y no quiero que vos seas una memoria. Con vos quiero ser raíz, quiero ser tierra. Quiero estancarme al lado tuyo y no dejarte, y que no me dejes.
Quiero ser eterno y no efímero. Quiero ser luz, pero contigo. Que tú sientas mi luz, y yo poder sentir toda la tuya. Y también poder sentir todo tu caos y hacerlo propio.
Porque, ¿qué injusta sería la vida de querer a alguien y no querer compartir ni su caos ni su carga? No, eso no es así.
Y quiero que me uses como escalera cuando necesites escalar más alto, como soporte cuando tus piernas flaqueen, como guía cuando te pierdas, como oído cuando tengas que hablar.
Con vos, hasta siempre.